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24/06/2017

Bebés

Mi Bebé recién Nacido

¿Qué tengo que saber?

¿Es imposible que una mamá primeriza se sienta aterrada ante el despertar con llanto de su hijo recién nacido? Nada de eso; es el sentimiento más normal del mundo. Quien pasó por por la experiencia de tener un bebé recién nacido a su exclusivo cuidado, sin contar con experiencia previa o ayuda experta, lo sabe.

¿Y el instinto maternal? Bueno, lo cierto es que si bien éste va  desarrollándose desde el embarazo, con esto sólo no alcanza para   prodigar los cuidados que necesita un recién nacido. Mamá e hijo tienen   que conocerse más para amarse más.  Los   primeros días comienza a establecerse el vínculo mamá-bebé, por eso es   tan importante informarse con anticipación acerca de cuáles son los   cuidados básicos e imprescindibles que necesitará el bebé recién nacido.   Una mamá que acaba de dar a luz, probablemente esté extenuada física y   emocionalmente. Lo más seguro es que no esté en condiciones de hacer   acopio de la gran cantidad de información que recibirá de los   profesionales que la atiendan inmediatamente después del parto, y sea   incapaz de recordar todas las indicaciones que recibe de su obstetra -para atender a su propio cuidado- y del neonatólogo para el cuidado del bebé.

Lo primero que necesita el recién nacido es la presencia de su madre,  salvo en raras ocasiones -como un postparto muy complicado-, la mamá   siempre está en condiciones de procurarle los cuidados que necesita, por   lo menos una vez que obtiene el alta médica de la internación. La atención del bebé pronta y oportuna hará que esté mejor predispuesto al medio y será la clave para que se establezca una confianza básica entre   ambos. La mamá se sentirá cada vez más confiada y segura en los cuidados   que procura a su hijo y el bebé, por su parte también lo estará Procurarse ayuda para los primeros tiempos es fundamental, y ésta no   necesariamente debe ser en la atención del recién nacido. En cambio, sí   es  importante recibir ayuda en las tareas de la casa, para que el bebé   pueda recibir la atención directa de su mamá, quien así podrá conocerlo a   fondo. El contacto físico temprano con su padre lo beneficiará y podrán   desarrollar una relación de mutua comprensión entre ellos más   tempranamente: muchos bebés reconocen pronto la voz de su padre y también su modo de alzarlos, por lo cual es importante que el papá trate   de participar activamente en el cuidado de su hijo.

Conocimientos básicos sobre el recién nacido

La apariencia del bebé

En los primeros días de vida, la apariencia del bebé por lo general dista   mucho de ser rozagante. El pasaje por el canal de parto puede haber   dejado su cabecita puntiaguda -con el paso de los días se redondea-, los   ojos hinchados, o puede haber achatado su nariz. Además, quizás tenga   secreciones en los ojos -porque le aplicarán gotitas para prevenir infecciones- y puntitos blancos en la cara debido a la obstrucción de   las glándulas sebáceas no maduras en el recién nacido. Con el correr de   los días, el bebé irá adquiriendo una nueva apariencia.

La alimentación

La leche materna es el mejor alimento que puede recibir un bebé recién   nacido. Tiene muchas ventajas sobre la leche de fórmula -menos sales,   menos grasas y proteínas y mayor cantidad de hidratos de carbono- e   inmuniza al bebé, ya que le da los anticuerpos que tiene su madre para   protegerse de las enfermedades. Otra ventaja es que una vez establecida   la lactancia materna, es la forma más sencilla y económica de alimentar   al bebé: sólo se necesita a la mamá cerca de él para que su alimentación   esté asegurada.   Establecer   la lactancia materna lleva su tiempo, especialmente en las mamás   primerizas; por eso, en los primeros días, es una tarea que demanda   tranquilidad, paciencia y mucha disponibilidad hacia el hijo. Muchas   veces, se requiere asesoramiento de una puericultora para conocer las posiciones de lactancia más adecuadas para mamá y bebé y otros secretos de la práctica.

En cuanto a la frecuencia de las mamadas, esto lo regulará el bebé en los   primeros días. Esta modalidad de dar el pecho se denomina “a libre   demanda”. Por lo general, un recién nacido necesita alimentarse cada dos   horas o dos horas y media, aproximadamente. Con el correr del tiempo, la frecuencia de las mamadas se irá distanciando y se establecerán horarios más o menos estables (una especie de rutina, aunque esto   depende mucho de cada bebé).

El reflejo de búsqueda u “hociqueo”

Cuando a un recién nacido se le acaricia la mejilla, instintivamente abre la   boca y mueve la cabeza para ambos lados. Esto se denomina “reflejo de   búsqueda” porque el bebé intenta encontrar el pecho materno para   alimentarse. Es conveniente apelar a este reflejo para “prenderlo” al   pecho -que tome el pezón y la areola- y hay que tratar de que lo haga cuando tiene la boca más abierta (como si pronunciara una “a”).

Los vómitos

Serán más frecuentes en chicos que se alimentan abundantemente. Se producen porque la leche vuelve del estómago hacia el esófago y se   expulsa. Si son muy frecuentes, hay que consultar al médico.
Las regurgitaciones -devoluciones más pequeñas de leche- son habituales en todos los bebés y cesan a los pocos meses de nacidos.

El hipo

Es un reflejo normal en los recién nacidos que desaparece con el correr del tiempo. No hay que hacer nada al respecto.

La higiene de los genitales

Los genitales de las niñas deben lavarse de adelante hacia atrás y nunca al revés. La higiene se realiza con algodón embebido en agua tibia -es   adecuado, por ejemplo, cuando una deposición es muy abundante- y luego se seca bien toda la zona. El uso de algodón y óleo calcáreo es lo más   conveniente cada vez que se cambie el pañal, ya que deja una película   grasa sobre la piel que previene las paspaduras y evita que la humedad   del pañal entre en contacto con la piel. Es conveniente consultar al   neonatólogo o al pediatra cuál es el tipo de higiene que recomienda. La higiene de los varones se realiza en forma externa -sin correr el prepucio- y con los mismos elementos que la de las niñas.

Pechos inflamados

Debido a las hormonas maternas durante el embarazo, tanto las nenas como los  varones recién nacidos pueden tener los pechos ligeramente inflamados y un agrandamiento de las tetillas. Y hasta pueden tener una secreción láctea. Pero con el correr de los días, desaparece la inflamación. Ante cualquier duda, lo más recomendable es consultar con el médico.

El baño

Hasta que se le caiga el cordón, el bebé no puede recibir baños de inmersión. Hasta entonces, lo adecuado será higienizarlo por partes -sin mojar el cordón- con un algodón empapado en agua tibia y jabón neutro o del modo que su pediatra recomiende. Es importante secarlo bien en todos sus pliegues.

El pelo del bebé

El pelo con el que nace el bebé es muy finito y habitualmente lo cambia luego por otro más fuerte. Si se lo corta, crece con más fuerza. El   pelarlo es una costumbre que no afecta a su salud, siempre y cuando realice el corte una persona experta y el bebé tenga un peso mínimo que le permita conservar el calor corporal

La costra láctea

Muchas veces al bebé se le forma en la cabeza una especie de caspa, llamada   “costra láctea”. Es una secreción de las glándulas seborreicas, que   puede aparecer tanto en el cuero cabelludo como detrás de las orejas o en las cejas. El aceite de almendras puede ayudar a que se despeguen más fácilmente -no hay que intentar hacerlo con las uñas, sino con un algodón embebido y siguiendo las pautas del pediatra-

Los gases

Es habitual en el recién nacido el problema de la expulsión de gases, ya   que como no tiene bien asimilado el proceso de deglución, traga aire al   alimentarse y después le cuesta expulsarlo. Una práctica habitual es   hacerle hacer el provechito después de tomar el pecho. Esto lo   tranquilizará y le evitará la distensión abdominal. Una tendencia habitual para expulsar los gases consiste en hacerle   practicar al bebé, flexiones de piernas -bicicleta- que hagan presión   sobre el abdomen. Otra posición que ayuda es colocar al bebé en posición   vertical, con su panza apoyada en el pecho del adulto y acariciar su   espalda, realizando una suave presión sobre ésta.

Alzar al bebé

Siempre es necesario que el bebé encuentre un buen sostén para su cabeza, que   es muy pesada y no se sostiene sola. Si está acostado, hay que deslizar   una de las manos bajo su nuca y espalda, mientras que con la otra se sostienen sus nalgas. La cabeza del bebé debe encontrar apoyo en el hueco formado por el brazo flexionado de quien lo sostiene.
Abrazarlo contra el cuerpo de su madre o de su padre puede ser una posición   muy cómoda para él y en la que pronto hallará tranquilidad. Es   importante que desde chiquito encuentre y reconozca hábitos de comodidad -procurados por sus padres-, porque esto hará que en situaciones de llanto o de intranquilidad, se calme más rápidamente cuando se le ofrece esa postura.                

Las uñas

Si estuvieran muy largas, se le pueden limar o cortar con una tijera (mejor si tiene las puntas redondeadas) para evitar que el bebé se   rasguñe con ellas. Antes de proceder al corte, conviene separar la piel   de la yema de sus dedos, para que la uña se presente independiente de la   piel ante el corte. Cualquier lastimadura que se produzca en el bebé corre el riesgo de sufrir una infección y los recién nacidos tienen pocas defensas contra ellas.

Las deposiciones

Durante las primeras deposiciones, el recién nacido expulsará meconio -es una pasta de color negro y pegajosa- que se elimina completamente a los pocos días del nacimiento, generalmente, durante la estadía en el sanatorio. Luego, un bebé alimentado a pecho, tendrá deposiciones color mostaza o verdoso, brillantes y pastosas. La frecuencia de éstas varía,   pero normalmente luego de cada mamada se presenta una deposición, por el reflejo gastrocólico. Si en cambio fuera alimentado con leche de   fórmula, las deposiciones serán blanquecinas, más duras y menos frecuentes, por la tendencia de las leches artificiales a provocar constipación.

 El cambio de pañal

El cambio de pañal debe realizarse siempre que el bebé haya hecho una deposición y después de cada mamada (aproximadamente cada 3 o 4 horas). Si de noche no tuvo deposiciones, hay que evitar cambiarlo, para que   vaya acostumbrando su pauta de sueño a reconocer el día y la noche (y pronto logre dormir más de noche que de día).

El cuidado del cordón

El cordón umbilical se cae aproximadamente a partir del décimo día de vida. Hasta entonces, hay que limpiarlo diariamente y en cada cambio de   pañal con una gasa embebida en alcohol, lo que lo desinfectará y ayudará   a que se caiga más rápido. Pero nunca hay que dejarle el algodón con alcohol pegado al ombligo, porque se puede intoxicar al bebé.


El sueño

Un recién nacido duerme alrededor de 16 horas diarias. Por eso, los primeros días, para las visitas es muy difícil encontrarlos despiertos. Cuando se despierta -cada dos, tres o cuatro horas- lo hace   para alimentarse y luego vuelve a dormirse.

El lugar de dormir

Se considera que el recién nacido debe dormir en la habitación de sus padres, por lo menos, los primeros tres meses y como máximo hasta los   seis meses de edad, aunque estos tiempos están sujetos al criterio de su   pediatra. En los primeros tiempos, esto facilitará a la mamá el acceso rápido al bebé, en caso de que éste la necesite.

La posición de dormir

El bebé tiene que dormir panza arriba porque es una de las formas de prevenir la muerte súbita.

La vestimenta del bebé

La ropa del bebé debe ser cómoda para ponérsela, con cuellos anchos -con botones o aberturas, porque su cabeza es todavía muy grande- y que le permita moverse con libertad. Las telas adecuadas son las de fibras   naturales, como el algodón (o mezcla, pero con preponderancia de   algodón), especialmente las que se colocan sobre su piel.  Los primeros días deberá usar un gorrito de algodón para conservar mejor la   temperatura corporal -el calor se escapa por la gran superficie descubierta que es su cabecita-

El abrigo

Si bien siempre es necesario que el bebé recién nacido tenga una manta además de su vestimenta para protegerlo en toda estación, el abrigo necesario será aquel que le permita conservar su temperatura corporal.   Para saber si ésta es la adecuada, bastará con colocar la mano sobre su   espalda cerca de la nuca. Si ese lugar está tibio, su temperatura es la   adecuada; en cambio, si está transpirando el abrigo es excesivo. La   temperatura de sus extremidades -manos y pies- nunca es una señal de que esté pasando frío ya que los primeros días sus extremidades estarán más frías que el resto de su cuerpo.

Los paseos

Si el pediatra lo autoriza, un bebé, a los pocos días de nacido ya puede   hacer paseos breves, pero siempre evitando los lugares de gran   concentración de gente, como los shoppings, supermercados o las   reuniones muy concurridas. Esto es así porque hay mayores probabilidades   de que en esos espacios se encuentren más gérmenes y probabilidades de   que lo toquen o se sienta molesto, además de contagiarse de alguna enfermedad (por ejemplo, resfriarse en lugares encerrados con mucha   gente, en época invernal). Lo más adecuado es que siempre vaya en su   cochecito, un corto paseo por una plaza tranquila. El beneficio será,   por partes iguales, para la mamá y el bebé.

Las caídas

La caída más frecuente de un bebé chiquito es la del cambiador -porque no se ha previsto que pueda voltearse, por ejemplo-. Si el bebé es muy   inquieto, conviene siempre asegurarse de que en cualquier lugar donde se lo deje, también se le coloquen defensas a los costados, como almohadones. Si el moisés tiene poca estabilidad, éste también será un peligro potencial para una caída, pero nada mejor que la mirada cuidadosa de los padres para prever los posibles accidentes.

¡Esperamos  te sea útil la información que te acercamos y pronto desarrollaremos en detalle cada unos de los puntos para ayudarte en tu rol de mamá!